Sáhara: cincuenta años de resistencia, tres traiciones y la puntilla
Alejado de los focos y casi a punto de caer en el olvido, en noviembre se cumplieron 50 años de la Marcha Verde, la escenificación con la que Marruecos proyectó su invasión del Sáhara Occidental. Hoy, cuando entre bambalinas se pretende legitimar definitivamente esta brutal ocupación, desde La Antorcha consideramos ineludible centrar nuestra mirada sobre el Sáhara por un doble motivo: porque, como españoles, vivimos en el Estado que de iure sigue administrando el Sáhara Occidental, pero cuyos sucesivos gobiernos han abandonado a su suerte al pueblo saharaui, y, además, porque asistimos a una reorganización del imperialismo que, ya desprendido de cualquier revestimiento de legalidad, persigue legalizar un statu quo consumado por la fuerza.
Del colonialismo a la Marcha Verde: ni el Sáhara es un desierto ni una invasión es una marcha
Lo primero que debemos tener en cuenta a la hora de hablar del Sáhara Occidental es que, en la Conferencia de Berlín, el reparto de África asignó a España este territorio por considerarlo yermo y que simplemente permitía a nuestro país contribuir a la defensa de Canarias y evitar que otras sociedades pesqueras inglesas fueran quienes explotaran esas aguas.
En este sentido, la posición débil de España como potencia imperialista en retroceso justificó que incluso, cuando se trazaban las líneas fronterizas con escuadra y cartabón, se estableciera una suerte de semicírculo para dejar en manos francesas las minas de Iyil, en lo que hoy es Mauritania,1 asignando a España la parte que se consideraba menos provechosa a nivel minero. Sin embargo, el interés internacional por el Sáhara Occidental aumentó tan pronto como comenzaron a surgir especulaciones sobre las riquezas de su subsuelo.
Efectivamente, después de unas primeras prospecciones infructuosas en busca de petróleo, a partir del año 1962 la atención mundial sobre el Sáhara se incrementó notablemente a raíz del descubrimiento en Bucraa de uno de los mayores yacimientos de fosfatos en todo el mundo, un mineral fundamental para la industria alimentaria por su utilidad como fertilizante. Tal fue la importancia de este hallazgo que, para facilitar su explotación, se ordenó la construcción de la que, a día de hoy, sigue siendo la mayor cinta transportadora del mundo (con 100 kilómetros de longitud), destinada a llevar el mineral al puerto de El Aaiún para su exportación.
Además de ello, las costas del Sáhara forman parte del banco pesquero canario-sahariano, de gran productividad debido a un ecosistema favorecido por la particularidad de sus corrientes y de su clima.
Todo ello propició que pronto el régimen franquista utilizara las concesiones mineras y pesqueras con empresas extranjeras como una herramienta diplomática que relajara los llamados de la ONU a la descolonización del territorio. La segunda derivada, en cambio, fue que estas riquezas también atrajeron la atención del vecino del norte.
En efecto, el rey Hassan II de Marruecos se enfrentaba por aquellos años a un panorama interno de gran inestabilidad, con dos intentos de golpes de Estado y magnicidio, los recelos de otros países árabes por su papel colaboracionista con Israel en la Guerra de los Seis Días2 o asesinato del líder opositor Ben Barka. Además, el descubrimiento de fosfato en Bucraa suponía una competencia directa para los fosfatos marroquíes, una fuente de ingresos importante para la economía del país magrebí.
Ante esta situación, el monarca marroquí decidió alentar el nacionalismo y rescatar la tesis del Gran Marruecos3, por lo que, cuando al fin España accedió a descolonizar el territorio y ya había terminado de elaborar el censo para el referéndum de autodeterminación —y aprovechando que Franco se encontraba en sus últimas semanas de vida— Hassan II decidió acudir a la Corte Internacional de Justicia para paralizar el procedimiento alegando que dicho territorio en realidad había pertenecido a Marruecos con anterioridad a la colonización española. La respuesta de la Corte, en la Opinión Consultiva que emitió el 16 de octubre de 1975, no pudo ser más clara:
«La Corte resuelve que ni los actos internos ni los internacionales en que se basa Marruecos indican, en el periodo pertinente, la existencia o el reconocimiento internacional de vínculos jurídicos de soberanía territorial entre el Sáhara Occidental y el Estado marroquí. Incluso teniendo en cuenta la estructura específica de ese Estado, no muestran que Marruecos ejerciera ninguna actividad estatal efectiva y exclusiva en el Sáhara Occidental […] La conclusión de la Corte es que los materiales y la información presentados no establecen ningún vínculo de soberanía territorial entre el territorio del Sáhara Occidental y el Reino Marruecos o la entidad mauritana. Por lo tanto, la Corte no ha hallado que existan vínculos jurídicos de naturaleza tal que puedan influir en la aplicación de la resolución 1514 (XV) en cuanto a la descolonización del Sáhara Occidental y, en particular, del principio de libre determinación.»4
La respuesta del rey de Marruecos ante este evidente revés fue, no obstante, hacer oídos sordos y convocar ese mismo día la organización de una marcha de 350.000 civiles que, portando el Corán y la bandera marroquí (y retratos del monarca) invadieran el territorio saharaui; eso sí, acompañados por el ejército marroquí.
En este contexto de creciente tensión, el entonces príncipe Juan Carlos se presentó sorpresivamente en El Aaiún el 2 de noviembre para afirmar solemnemente que «España no dará un paso atrás, cumplirá todos sus compromisos, respetará el derecho de los saharauis a ser libres (…) No dudéis que vuestro comandante en jefe estará aquí, con todos vosotros, en cuanto suene el primer disparo».
En realidad, como se pudo conocer años más tarde a raíz de la desclasificación de archivos de la CIA, la Marcha Verde no fue sino una gran escenificación organizada con el amparo y el asesoramiento de los servicios de inteligencia estadounidenses y franceses para justificar la entrega del territorio a Marruecos a cambio de avalar la Transición española en la figura de Juan Carlos I.5
Y fue una escenificación no sólo porque la entrega ya estuviera acordada de antemano, sino porque, mientras en el puesto fronterizo de Tah los medios de comunicación de todo el mundo retransmitían una marcha aparentemente pacífica, en el interior del territorio se estaban produciendo de forma simultánea unos combates violentísimos y una auténtica masacre contra la población saharaui que huía ante el avance militar marroquí. El ejemplo más cruel se dio en Um Draiga, donde la aviación marroquí bombardeó con bombas de fragmentación, napalm y fósforo blanco a 40.000 civiles.6
La posición de España ante todo esto fue simplemente firmar los Acuerdos Tripartitos de Madrid, en virtud de los cuales ponía fin a su presencia en el Sáhara y cedía la administración del territorio a Marruecos y Mauritania.7 Juan Carlos de Borbón firmaba un abandono deshonroso apenas doce días después de prometer que estaría al frente cuando sonara un primer disparó que nunca se dio. Se sellaba así la primera traición de España al pueblo saharaui.
La resistencia saharaui: de la desaparición de Basiri a la legitimidad del Frente Polisario
Como es de esperar, el pueblo saharaui no permaneció impasible ante la ocupación de su territorio. Todo lo contrario: los movimientos de descolonización que se extendían por todo el continente africano tuvieron su reflejo también en el Sáhara Occidental. La primera muestra de ello fue la fundación del Movimiento de Vanguardia para la Liberación del Sáhara en 1969, una organización nacionalista de carácter moderado que apostaba por negociar con España la concesión de una autonomía como vía a la independencia.
Dicha organización apenas tuvo continuidad en el tiempo, pues su única acción destacada, la convocatoria de una manifestación en El Aaiún, fue brutalmente reprimida por las autoridades coloniales españolas, quienes, además, apresaron a su líder Basiri y lo hicieron desaparecer hasta el día de hoy.8
Este suceso fue el detonante que terminó de clarificar las posiciones del independentismo saharaui, pues, ante la imposibilidad de negociar la descolonización con la dictadura de Franco, se hacía imprescindible la conformación en 1973 de una organización político-militar que asumiera la lucha armada como vía a la independencia: el Frente Popular para la Liberación de Saguía el Hamra y Río de Oro (Frente Polisario).
Las simpatías de la población por el Frente Polisario se fueron haciendo cada vez mayores conforme aumentaba la presión internacional y éste lograba algunas victorias militares sobre las tropas coloniales españolas.
Así, pues, en el momento de la invasión marroquí se había alcanzado tal nivel de aprobación por parte del pueblo saharaui que, con la previsión de impedir que Marruecos se pudiera erigir ante la ONU como portavoz de la voluntad del pueblo del Sáhara Occidental, el 28 de noviembre de 1975 una mayoría superior a dos tercios de la Yemáa9 saharaui acordaron reconocer al Frente Polisario como único representante legítimo del pueblo saharaui.10 Esta legitimidad del Frente Polisario como único representante se ha validado por parte de las Naciones Unidas en sucesivas ocasiones.
De este modo, ante la invasión marroquí y la traición española, el Frente Polisario proclamó por medio de su secretario general El Uali Mustafá Sayed, la independencia del Sáhara Occidental y el establecimiento de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) el 27 de febrero de 1976, un día antes de que la bandera española se arriara definitivamente de El Aaiún.
La guerra, el referéndum pendiente y el Desecho Internacional
Como cabría esperar, las formas apresuradas para abandonar el Sáhara crearon en España un clima de opinión favorable a la causa saharaui (incluso dentro del ejército español). Así, la muerte de Franco y la democratización del país generaron la creencia de que los nuevos gobiernos podrían adoptar medidas que, en cierto modo, resarcieran el desaguisado del Sáhara, más aún cuando el flamante líder del PSOE, Felipe González, acudió a visitar los campamentos de refugiados de Tinduf para proclamar con solemnidad «yo quiero, por consiguiente, no prometeros algo sino comprometerme con la Historia: nuestro partido estará con vosotros hasta la victoria final».
La realidad, sin embargo, fue que el gobierno del PSOE no sólo no apoyó al Polisario, sino que emprendió, como una segunda traición, una política de claro apoyo diplomático, económico y militar a Marruecos, mientras que este último consolidaba su ocupación del territorio mediante la construcción (con apoyo de Israel) de un muro que plagó de francotiradores y minas antipersona y que constituye la segunda barrera humana más grande del mundo, sólo por detrás de la Gran Muralla China.

Tampoco se hizo nada por exigir que Marruecos celebrara el referéndum de autodeterminación que en 1991 se vio forzado a aceptar. Todo lo contrario, se optó por la pasividad asertiva ante la estrategia marroquí de posponer su celebración ad infinitum mientras llenaba el Sáhara de colonos con los que alterar el censo.
Esta política promarroquí se ha venido sosteniendo, especialmente por los gobiernos del PSOE, a lo largo de las décadas por distintas vías que van más allá de la venta de armamento, pues en 2007 el Gobierno de Zapatero avaló, junto a Sarkozy, la propuesta de autonomía que presentaba Marruecos como forma de enterrar definitivamente la realización del referéndum.11 Además, diferentes pesos pesados del PSOE como Bono, López Aguilar o el propio Zapatero, han respaldado la admisión en la Internacional Socialista de Saharauis por la Paz, una organización títere y colaboracionista con la que Marruecos pretende romper la legitimidad del Frente Polisario.12
Esta posición de España en favor de Marruecos se basa en ignorar sistemáticamente el hecho de que, como reconoció el propio Fernando Grande-Marlaska en su auto de 2014, España sigue siendo a día de hoy de iure la potencia administradora del territorio y, como tal, mantiene intactas todas sus obligaciones hasta la efectiva descolonización del Sáhara Occidental. Lástima que su ascenso a ministro le hiciera olvidar lo que redactó como magistrado. Lástima, también, que una vez más evidenciemos cómo el Derecho Internacional no es sino un Desecho Internacional.
La tercera traición, la rapiña y la puntilla: se acabó el teatro
Las sucesivas promesas incumplidas al Sáhara y la eterna espera a un referéndum que nunca llegaba fue lo que, tras la elección de Brahim Gali como líder del Polisario, terminó de confirmar la inutilidad de una vía de confianza en una legalidad internacional infinitamente más lenta y débil que la tela de araña que teje los intereses imperialistas y que favorecen la posición de Marruecos.
Por este motivo, se organizó a finales de 2020 una concentración de manifestantes para bloquear el paso de El Guerguerat, la vía principal por la que Marruecos exporta los recursos que expolia hacia el resto de África. La respuesta marroquí fue enviar a las Fuerzas Armadas a reprimir la acción, irrumpiendo en la estrechísima franja de costa controlada por el Frente Polisario y que separa de Mauritania a los territorios ocupados. Esta ruptura de la línea de armisticio supuso también la violación del alto el fuego que reactivó la guerra.
Este incidente fue el paso necesario para que, de nuevo, se clarificaran las posiciones de un imperialismo occidental que tiene en Marruecos a un bastión de sus intereses en el norte de África, renunciando definitivamente a todo revestimiento de legalidad. Así, pocas semanas más tarde de este suceso, Donald Trump soltaba una bomba a días vista de abandonar la presidencia: reconocía vía Twitter la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental a cambio de que Marruecos reconociera y estableciera relaciones diplomáticas con el Estado de Israel.
Este paso de Trump dio inicio a una sucesión de resoluciones diplomáticas por parte de los Estados occidentales por las que daban amparo públicamente a lo que llevaban décadas apoyando a escondidas. De este modo, Francia, Israel o Bélgica se han sumado ya al reconocimiento explícito de la anexión marroquí, mientras que el Reino Unido o Alemania han dado su apoyo a la propuesta de autonomía.
La presión, en este sentido, se situaba sobre la que —quiérase o no— es la potencia colonizadora del Sáhara: España; y para ello Marruecos se aprovechó de unas circunstancias excepcionales sobre las que aún falta bastante luz que aportar.
Lo que sabemos con certeza es que, en el plazo de apenas unos meses, Marruecos dio a conocer públicamente que el líder del Frente Polisario, Brahim Gali, se encontraba hospitalizado por COVID en el hospital de Logroño.13 Apenas unas semanas después, Marruecos arrojaba como carnaza a la ciudad de Ceuta a más de 8.000 personas,14 como forma de presión diplomática contra España. A tal propósito, la embajadora de Marruecos en España alegó que «hay actos que tienen consecuencias».
Sabemos también que, durante al menos los dos meses siguientes, el teléfono móvil del presidente del Gobierno y de varios ministros fueron infectados por el software de espionaje Pegasus, de elaboración israelí y que sólo se vende a Estados.
Después de esto, se destituyó, por exigencia de Marruecos, a la entonces ministra de Exteriores, Arancha González Laya, para nombrar a José Manuel Albares, bajo cuya dirección el Gobierno de España envió en 2022 al rey de Marruecos una carta personal del presidente por la cual España se posicionaba definitivamente del lado marroquí en la cuestión del Sáhara Occidental, abandonando el principio de autodeterminación y traicionando por tercera y última vez al pueblo saharaui.
Asimismo, a raíz de este apoyo explícito a la ocupación, se iniciaba un proceso de negociación con Marruecos para la delimitación de las aguas territoriales, una cuestión clave para la extracción de minerales críticos de las cordilleras submarinas que hay al sur de Canarias, dentro de la cual destaca el Monte Tropic, con presencia de telurio, cobalto y tierras raras,15 minerales fundamentales todos ellos para la fabricación de dispositivos electrónicos y la transición energética. Esta negociación de las aguas territoriales implica, por tanto, un interés de España por ser parte activa en el reparto del pastel después de que Marruecos otorgara varias concesiones de exploración a empresas israelíes.16
En este contexto de legitimación descarada de la ocupación por parte de los países del centro imperialista, el pasado noviembre asistimos a la que pretendía ser la puntilla con la que rematar el amparo legal a la autodeterminación del pueblo saharaui: el Consejo de Seguridad votaba la resolución que respaldaba oficialmente la autonomía marroquí como base para la solución del conflicto; una propuesta que confirma una tendencia por la que, a lo largo del tiempo, el Consejo de Seguridad viene amparando cada vez más la ocupación marroquí.17
Esta decisión, absolutamente bochornosa y lamentable, no debe llevarnos a equívocos: la fuente de legitimidad del pueblo saharaui no depende de una legalidad internacional a la que nadie presta atención y cuyos límites, como se ve, pueden forzarse o directamente tumbarse cuando contradicen los intereses imperialistas.
El pueblo saharaui tiene derecho a construir su propio Estado y a decidir su forma de gobierno por su propia determinación, independientemente de lo que decida ningún cualquier Consejo de Seguridad, y es precisamente nuestra obligación y la de todas las organizaciones antiimperialistas velar porque así sea hasta conseguir un Sáhara Occidental libre e independiente desde Tah hasta La Güera.
- Bárbulo, Tomás (2019). La historia prohibida del Sáhara Español. Barcelona: Península ↩︎
- Hay importantes indicios de que Marruecos colaboró con los servicios de inteligencia de Israel para hacerle conocedor de los planes de las naciones árabes. ↩︎
- El Gran Marruecos es un proyecto irredentista que reclama como parte de Marruecos no sólo el Sáhara Occidental, sino también Ceuta, Melilla y las plazas de soberanía españolas en el norte de África, la totalidad de Mauritania y gran parte de Mali y Argelia. Esta tesis goza actualmente de cierto amparo constitucional, pues la carta magna vigente, en su artículo 42, establece que el rey es garante de la unidad territorial del Reino dentro de sus «fronteras auténticas». ↩︎
- Corte Internacional de Justicia (1975). Caso relativo al Sáhara Occidental. Opinión consultiva de 16 de octubre de 1975 ↩︎
- Abdelhay, Lehbib (2020). Juan Carlos I pactó en secreto con Kissinger la entrega del Sáhara a Marruecos a cambio de la Corona ↩︎
- Bárbulo, T., op. cit. ↩︎
- Tres años más tarde, Mauritania renunciaría a sus pretensiones sobre el territorio y reconocería formalmente a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) después de que el Frente Polisario lograra bombardear Nuakchot, la capital del país. ↩︎
- La desaparición de Basiri sigue siendo a día de hoy un enigma, pues en el Archivo General de la Administración (Alcalá de Henares) no sólo hay enormes lagunas, sino que del paso del líder nacionalista por el mundo sólo se conservan una fotografía y tres documentos falsos sobre su detención, elaborados como parte de una maniobra de confusión (Bárbulo, op. cit.: 96-102) ↩︎
- La Yemáa fue una suerte de asamblea creada por el gobierno de Arias Navarro en 1974 como organismo representativo de la población saharaui. ↩︎
- Bárbulo, Tomás, op. cit. Pp. 334-336. Este suceso venía precedido por la Declaración de Unidad Nacional proclamada en Ain Bentili el 12 de octubre, en la que los representantes de las distintas organizaciones saharauis se adhirieron a los principios del Frente Polisario y lo reconocieron como representante legítimo. ↩︎
- Este presunto Estatuto de Autonomía, que literalmente consta de cuatro páginas, es, según la posición oficial del Gobierno español, «la base más seria, realista y creíble para la solución de este diferendo». ↩︎
- El propio Centro Nacional de Inteligencia (CNI) de España, en su nota C/6387 del 24 de junio de 2021, clasifica al Movimiento Saharauis por la Paz como una organización pantalla de la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED), el servicio secreto marroquí. ↩︎
- La rapidez para acceder a esa información sobre una persona que había accedido en secreto y en un avión militar argelino a territorio español el día anterior nos puede dar una idea sobre la presencia de agentes de inteligencia marroquí dentro de España. ↩︎
- Entre ellas, a niños de la cercana localidad de Castillejos a los que, sin conocimiento de sus padres, se les dijo que Cristiano Ronaldo o Messi estaban jugando en Ceuta. ↩︎
- Algora, M.ª Dolores (2021). El impacto geopolítico de las tierras raras en el orden internacional. Economía Industrial. Pp. 55-56 ↩︎
- Estas concesiones para las prospecciones subacuáticas se suman a una ola de reactivación del interés minero en el Sáhara; en este sentido, Marruecos también ha autorizado a la empresa francesa Areva para la extracción de uranio (Algora, op. cit.: 56). ↩︎
- Como muestras de esta tendencia promarroquí, podemos observar que, mientras hasta el año 2000 las resoluciones se limitaban a exigir celebrar «sin demora un referéndum libre y justo de autodeterminación», a partir de 2001 se introdujo la condición de que la solución debía ser «mutuamente aceptable», lo cual en la práctica no sólo equipara las posiciones del invasor y el invadido, sino que otorga derecho de veto a Marruecos. ↩︎