Desde la Juventud Comunista condenamos rotundamente los bombardeos de EEUU e Israel contra el pueblo iraní, que han asesinado ya a más de 1100 personas, entre las que se incluyen las 165 niñas asesinadas en el bombardeo de una escuela. Israel ha continuado su ofensiva con bombardeos sobre sus países vecinos, como el Líbano, elevando diariamente el número de víctimas. Esta nueva oleada de ataques ha abierto un escenario de guerra en Oriente Medio y Oriente Próximo, reinando el caos ante los continuos ataques sobre Teherán y otras zonas de Irán y la respuesta del ejército iraní ante el asesinato de su líder, bombardendo posiciones en los países del Golfo Pérsico.
Por un lado, este nuevo episodio de guerra en Oriente Medio estalla dentro de la política de rearme y de escalada belicista liderada por Estados Unidos y su brazo armado, la OTAN; por otro, continúa las agresiones y asesinatos del ente sionista de Israel en toda la zona. Si bien la versión oficial alude, como tantas otras veces, a la supuesta necesidad de estabilizar la zona frente al régimen totalitario de los ayatolás y su programa nuclear, nada está más lejos de la realidad: los bombardeos han desatado una guerra total en la región. Sin embargo, esta nueva ofensiva se puede entender en el mismo contexto en que se han dado el golpe de Estado en Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro, las operaciones y amenazas de toma del control de Groenlandia y las últimas amenazas hacia Cuba: Estados Unidos se encuentra en una escalada belicista por estabilizar y expandir su área de influencia en plena guerra comercial (una guerra que también es imperialista aunque no siempre venga con misiles bajo el ala) con China. El giro intervencionista de Trump no supone una novedad respecto al papel histórico de EEUU en el mundo: la norma han sido las agresiones militares para asegurar sus posiciones en el tablero imperialista. En el caso de Irán coinciden tres objetivos. En primer lugar, el control del estrecho de Ormuz por parte de países aliados de EEUU, por donde pasa el 20% del petróleo mundial y una buena parte del empleado por China en sus cadenas de suministros energéticos, que ya está viendo multiplicados los precios de importación en pleno conflicto. En este sentido, China no es ninguna defensora del pueblo iraní, pero está pidiendo la desescalada para proteger sus flujos comerciales, y por tanto, su papel en el conflicto es similar al de otros actores, ligado a su acumulación de capital. En segundo lugar, otro objetivo es tomar el control de Irán para lograr una mejor posición comercial, pues China es el principal comprador del crudo iraní exportado por vía marítima y también uno de los principales aliados de Rusia. En tercer lugar, EEUU aspira a tomar el control por la fuerza del desarrollo del programa nuclear iraní.
De esta forma, el estallido de la guerra puede entenderse dentro del contexto de escalada belicista, y éste, a su vez, en las estrategias de la burguesía para mantener sus ganancias en el imperialismo. Por otro lado, conocer los intereses económicos y geopolíticos de las potencias imperialistas en el contexto bélico también es fundamental para desmentir la propaganda de la burguesía, que disfraza el horror de la guerra y sus escenas más duras (como el asesinato de cientos de niñas en el caso de Irán, o los más de 20.000 niños asesinados en Gaza) como un mal necesario para liberar de sus regímenes opresores a los pueblos a los que ella misma, Estados mediante, masacra. El Estado iraní bajo el régimen de los ayatolás reprime brutalmente las protestas de la clase trabajadora y persigue y oprime de forma especialmente violenta a las mujeres. Sin embargo, ninguna de las bombas extranjeras va dirigida a acabar con el sufrimiento de las trabajadoras iraníes, sino que las potencias imperialistas usan el sufrimiento del pueblo iraní, y particularmente de sus mujeres, como chivo expiatorio. Tal y como analizamos con el supuesto pacto de Trump para Gaza, la intervención imperialista para formar nuevos regímenes adscritos a los intereses de su burguesía deja aún más desprotegido al pueblo oprimido en la periferia del tablero. Solo la autoorganización independiente del pueblo iraní frente a sus instituciones y formas políticas puede llevar a procesos de ruptura con el régimen de los ayatolás y la construcción de nuevas formas políticas. La lucha del pueblo iraní está llena de experiencias y expresiones políticas para atajar las contradicciones particulares y las brechas de su régimen político, y nuestra tarea en el centro imperialista no pasa por sumir Irán en una guerra que solo pagan, como siempre las trabajadoras. En cambio, nuestro objetivo tiene que ser bien diferente: señalar el carácter imperialista del ataque, identificar a la burguesía y sus gobiernos responsables de estas agresiones y combatir estas instituciones que salvaguardan las ganancias de la burguesía con la sangre del pueblo iraní. A su vez, en un escenario de multipolaridad imperialista, las trabajadoras no debemos ponernos del lado de ningún estado imperialista que busca el reparto de sus zonas de influencia, por lo que la condena al carácter imperialista de EEUU no debe llevarnos a defender los intereses imperialistas de otras potencias en estos conflictos como China o Rusia: nada tienen que ver con los intereses de la clase trabajadora internacional.
En este sentido, debemos condenar y señalar sin tapujos a los Estados que forman parte de la Unión Europea como aliados de EEUU e Israel y pertenecientes a la OTAN. Mientras los ministros de los 27 han firmado una tibia declaración conjunta llamando al respeto del derecho internacional, Alemania, Francia y Reino Unido han declarado sus intenciones de atacar Irán para defender sus intereses y los de sus aliados en Oriente Medio y ya están prestando sus bases militares para las operaciones de EEUU. La Comisión Europea sigue sin condenar los ataques de Israel y EEUU y hablan de una nueva esperanza para el pueblo de Irán. En el caso del Estado español, mientras que la derecha institucional se alinea con las tendencias más belicistas en el continente, el gobierno de Pedro Sánchez está llevando a cabo todo un despliegue propagandístico para erigirse como la supuesta alternativa crítica, neutral y pacificadora en Europa, condenando que la intervención militar no respeta el derecho internacional. Un Derecho Internacional que lleva décadas demostrando su completa subordinación a los intereses de la burguesía, como analizábamos hace unas semanas tras el golpe de Estado en Venezuela. Sin embargo, este discurso equidistante ampara la propaganda de la burguesía que nos hace creer que la barbarie es necesaria para liberar al pueblo iraní, que la desproporción del conflicto se debe al bombardeo sobre posiciones en centros del golfo Pérsico y que el imperialismo es, en definitiva, la opción política más agresiva del capitalismo frente a otra opción supuestamente más justa. En este contexto, la negativa del Estado español a autorizar a EEUU el uso de las bases militares de la OTAN de Rota y Morón para “operaciones que no encajen dentro de la carta de Naciones Unidas”, sumado a las pegas del gobierno para cumplir con el aumento de los gastos militares al 5% que proponía Trump para sus socios atlantistas, ha provocado las amenazas de embargos de EEUU y las reveladoras declaraciones de Trump de que pueden usarlas sin necesidad de autorización. En otras palabras, que el riesgo de que las bases se usen es independiente de la voluntad del gobierno, como ya ha ocurrido en las bases de las Azores. La alternativa por tanto no pasa por pedir que se desautorice su uso para determinadas operaciones: solo la autoorganización obrera, tal y como demostraron las huelgas de los puertos en solidaridad con Palestina, podría impedir su uso, aún con un coste represivo brutal. Las bases de la OTAN no deben desautorizarse para usos que escapen del Derecho Internacional, como dice la socialdemocracia: deben desmantelarse.
Frente a la guerra imperialista no caben medias tintas. Pasemos de la solidaridad simbólica al internacionalismo.