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Protesta en Argentina contra la reforma laboral

La reforma laboral de Milei: la reacción ataca de nuevo

La semana pasada, el parlamento argentino aprobó la contrarreforma laboral elaborada por el gobierno de Milei; una reforma elaborada en los despachos de la burguesía argentina con la complicidad de ciertas burocracias sindicales para ahondar en los ataques sobre la clase trabajadora y mantener a flote sus beneficios. 

A grandes rasgos, esta reforma supone una nueva ofensiva contra la clase trabajadora argentina a través de cuatro de sus principales ejes: 

  1. La extensión de la jornada laboral: la nueva ley ampara a las empresas a alargar las jornadas de sus trabajadores eventualmente hasta las 12h diarias, dejando a merced de la empresa la creación de bancos de horas donde estas deberían devolvérsele al trabajador para mantener las 48h semanales. Con ello, las trabajadoras tendrán que hacer frente a jornadas interminables bajo una promesa de devolución de horas que deberá confiar a su explotador. Un episodio más de cómo la defensa de la “flexibilización del trabajo”, de la que tanto se habló en España hace unos años, se convierte en una obligación de las trabajadoras de estar disponibles y aceptar las imposiciones de la empresa en todo momento.
  2. El abaratamiento del despido: la nueva reforma permite el abaratamiento de los despidos, cuya indemnización pasará a ser aliviada por los fondos públicos a través del llamado Fondo de Asistencia Laboral. Es decir, el salario indirecto de las trabajadoras, aquel que va destinado actualmente a pensiones y a los servicios públicos, será utilizado para que el empresario explotador eche a sus trabajadores sin apenas coste.
  3. La destrucción y represión del movimiento obrero sindical: el objetivo principal de esta reforma es, sin embargo, desarticular los sindicatos de los trabajadores, como señaló el Ministro de Desregulación y Transformación en una reunión con la patronal española, la CEOE (ministerio que destaca por un nombre bastante característico de la vinculación entre las políticas neoliberales y el giro reaccionario, como veremos después). Para ello, la nueva ley resquebraja el derecho a la huelga, imponiendo servicios mínimos del 50 al 75% para sectores ambiguamente considerados como “esenciales”. También prohíbe las asambleas generales de trabajadores de un centro si éstas no cuentan con la autorización expresa del empresario, en cuyo caso se descuentan del sueldo las horas utilizadas. Por último, ahonda en la fragmentación del movimiento obrero sindical, acabando con la jerarquía de los Convenios Colectivos estatales y de sector, que a partir de ahora podrán ser suplantados por convenios a nivel de empresa o de provincia, donde muchos trabajadores no tienen capacidad de imponer sus condiciones a la empresa por los continuos ataques al movimiento obrero sindical.
  4. La consagración del trabajador al capital: En un ejercicio de miseria se desposee a las trabajadoras de hasta el 50% de su sueldo durante las bajas laborales siempre que se considere que estas hayan durante su tiempo libre realizado cualquier tipo de actividad de riesgo. No sólo se ahoga a millones de trabajadoras argentinas, sinó que se señala y culpabiliza a quien enferma por dejar de ser rentable al capital. 

Si bien el gobierno de Milei podría encuadrarse en posiciones  continuistas con los anteriores ciclos de ofensiva neoliberal en Latinoamérica capitaneados por el FMI, también se ha erigido como un foco importante de la ultraderecha institucional. En este sentido, aunque este carácter neoliberal guía las políticas de Milei, la reforma laboral tiene como principal objetivo apuntalar el dominio de la burguesía sobre la clase trabajadora argentina mediante la destrucción de los avances logrados históricamente por el movimiento obrero sindical en clave de negociación y capacidad organizativa; como tal, constituye una ofensiva protagonizada por el auge reaccionario que vivimos internacionalmente. Desde una lógica discursiva profundamente anticomunista, antiobrera y ultraconservadora, Milei lleva a la práctica el completo desmantelamiento de los avances convertidos en reformas que un día protagonizó el movimiento obrero organizado. Esta ruptura de ciertos consensos en materia social abanderados por el reformismo socialdemócrata es una característica fundamental del giro reaccionario protagonizado por la ultraderecha. Y por tanto, aunque las ofensivas neoliberales en Latinoamérica han venido ocurriendo durante décadas, el momento histórico actual permite entenderla dentro del crecimiento de la reacción. Y lo que es más importante: no se trata únicamente de la personalidad y carácter político de una figura como Milei, sino de un programa político de la burguesía para mantener sus ganancias en el nuevo contexto imperialista a costa, como siempre, de las trabajadoras. Por otro lado, esta nueva ofensiva de la ultraderecha institucional sobre la clase trabajadora en clave reaccionaria (en cuanto a los retrocesos sociales y civiles) y ultraliberal (en cuanto al marco de desregulación del Estado) supone un hito que pretende guiar la política de otras fuerzas de ultraderecha. A nadie le resultaría extraño pensar en el programa político de Ayuso en Madrid como punta de lanza del giro derechista incluso en las filas conservadoras en España, o en la posibilidad de que un gobierno con VOX lleve a término un programa político inspirado por Milei.

Con todo, esta nueva ofensiva antiobrera en el marco de la reacción abre distintas líneas políticas que desarrollar por el movimiento obrero:

En primer lugar, que el carácter de las reformas conseguidas por la organización del movimiento obrero en su conjunto, y particularmente del movimiento obrero sindical, no son conquistas definitivas. En cambio, la defensa y reivindicación de una serie de reformas deben venir siempre de la mano de la autoorganización obrera (y no únicamente de la negociación de unas burocracias sindicales), pero esta autoorganización de las trabajadoras debe persistir e incluso ampliarse tras lograr imponer estas reformas. De lo contrario, las reformas que puedan llevarse a cabo por la disposición de un gobierno socialdemócrata caerán en saco roto ante los giros coyunturales protagonizados por la derecha y la ultraderecha, que no encontrarán una confrontación obrera organizada. 

En segundo lugar, que el movimiento obrero necesita rearticularse, esta vez desde posiciones defensivas, para no permitir que la burguesía ejecute estos nuevos ataques sobre las trabajadoras, para pasar después a la ofensiva. Debemos atacar a la burguesía como clase social y no exclusivamente a sus cabezas más visibles, construyendo una alternativa de organización obrera desde los barrios y los centros productivos.

Por último, hoy las trabajadoras nos organizamos para combatir este giro reaccionario en clave internacional, desde la solidaridad obrera en lucha contra la burguesía imperialista y todas sus expresiones. Todo el apoyo para las trabajadoras argentinas, y todo nuestro empeño en derrotar a nuestros enemigos de clase.