Cuando pensamos en el verano, a todas y todos nos viene a la cabeza esa tarde de agosto en la que el tiempo parece detenerse. El calor vacía las calles, las persianas permanecen medio bajadas y el aire es tan denso que cualquier movimiento parece un exceso. Incluso la ciudad parece olvidar el ritmo frenético que la sostiene el resto del año.
Pero es una ilusión breve. Basta con echarle un vistazo al móvil para que aparezcan los recordatorios de septiembre. Los cursos que empiezan. Los propósitos que aún estamos a tiempo de cumplir. Los libros que deberíamos leer. Los cuerpos que aún están a tiempo de cambiar antes de volver a la oficina. Las ofertas de viajes, gimnasios… Los anuncios cambian de color, pero sostienen el mismo mandato: prepárate.
Siempre nos estamos preparando para algo. El verano nunca ha sido concebido o imaginado exactamente como un descanso. Más bien funciona como un intervalo útil, una pausa administrativa entre periodos de productividad. Descansamos para volver con energía, dormimos para rendir mejor. Viajamos para regresar renovadas.
No resulta extraño que septiembre se haya convertido en una especie de segundo enero. Nuevas agendas, listas de hábitos, reorganizaciones domésticas, comienzos sentimentales y finales cuidadosamente programados. El calendario escolar marca el pulso incluso de quienes dejamos de estudiar años atrás. La vida entera parece ordenarse alrededor de esa promesa de un nuevo comienzo.
Pero hay algo que parece no terminar de cuadrar del todo. Mientras algunas personas hablan de vacaciones, otras atraviesan los meses más intensos del año de trabajo. Los hoteles llenos no se limpian solos, las terrazas a rebosar no funcionan sin camareras. Tampoco desaparecen los cuidados. Alguien sigue preparando las comidas, acompañando a las personas dependientes al médico, sosteniendo a las criaturas durante las interminables semanas sin colegio o cubriendo los turnos de quienes están de vacaciones.
Esta ficción de la que hablamos es extremadamente eficaz porque se presenta como una experiencia compartida, cuando nada más lejos de la realidad. Como tampoco es cierto que el descanso sea una experiencia distribuida de manera igualitaria. Hay quien descansa porque alguien más sostiene ese descanso. Lo que llamamos tiempo libre descansa sobre un tiempo ajeno que continúa funcionando.
Quizás lo que resulta tan reconfortante de esa idea compartida del verano, como recuerdo nostálgico, no es que sea un tiempo realmente libre, sino que podría llegar a serlo. Dormir sin alarma, comer sin prisa, pasar el día sin preocuparse por la hora. Sin embargo, hemos aprendido a sospechar tanto del tiempo que no produce nada que cada vez resulta un poquito más complicado. Un viaje sin aprendizaje, una tarde en la piscina sin fotos, una relación que no avanza… Parece una quimera sostener algo que permanece sin resolverse.
En un marco obsesionado con el progreso, el crecimiento y la optimización permanente, quizás lo verdaderamente revolucionario sea no estar obligados a justificar el descanso mediante la promesa de un futuro más productivo, más eficaz.
Se habla mucho de recuperar el equilibrio entre la vida y el trabajo, pero quizás ese planteamiento sea, en sí mismo, una trampa. Como si existieran dos ámbitos separados que hubiera que gestionar mejor. Pero la vida nunca ha quedado fuera de la producción. También los cuidados, el descanso o la alimentación forman parte de aquello que mantiene el mundo en funcionamiento.
La pregunta, entonces, no debería ser cómo organizar mejor el verano; la pregunta debería ser por qué nos resulta tan difícil un tiempo que no nos obligue a pensar en preparar el siguiente.
Tal vez ahí resida la potencia política de agosto. No en el turismo o en las vacaciones, sino en esos momentos casi imperceptibles en los que los horarios dejan de gobernar la experiencia. Ese instante en el que somos capaces de imaginar un futuro en el que, quizás, vivir podría consistir en otra cosa.
Septiembre siempre llega. La cuestión es si permitiremos que también llegue a nuestra forma de organizar el tiempo.