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Rueda de prensa sobre la Huelga General convocada por las centrales sindicales

Los últimos serán los primeros: Cuando treinta y cuatro días son menos que once

El 3 de noviembre, nada menos que ocho días antes de la Huelga General, CCOO daba señales de vida, por fin, con la difusión de algo así como un videotutorial sobre cómo preparar una huelga. Con ello pretendían hacer ver que, a pesar de haberse sumado los últimos al movimiento, son ellos los que tienen, por lo visto, las claves para sacar adelante esta huelga. Hoy, dos días más tarde, amanecíamos con un paro general en Francia que no necesitó la validación de un podcast para poner en marcha a la clase trabajadora gala. La contraposición de las dos situaciones funciona como una metáfora de lo que está siendo el mes previo al paro general.

Si analizamos la cadena causal que ha conducido a la convocatoria de la próxima Huelga General, podemos ver cómo el desahucio de Maricarmen Abascal actuó de catalizador para traducir las crecientes protestas por la vivienda en una acampada en Sol. A su vez, esta acampada, que continuó creciendo, al tiempo que se generalizaban las protestas por la vivienda en todo el país, fue la chispa que encendió la llama de la Huelga General que ha quedado fijada para el 11 de noviembre.

La reclamación de la Huelga General, desde el movimiento por la vivienda, es una consigna que ha ido ganando fuerza con el tiempo, en un proceso en el que la voluntad de hacer una huelga de alquileres ha desembocado en el reconocimiento de que era necesario un cambio más profundo. Sin embargo, la situación de creciente tensión y de auge movilizatorio desde finales de septiembre hizo ganar fuerza a la idea de conjugar la lucha por la vivienda y la lucha por el salario, y las grandes centrales sindicales se han visto finalmente en la tesitura de tener que convocar una Huelga General a la que durante catorce años, y en coyunturas no mejores que la actual, se habían mostrado enormemente reticentes.

Así, el 7 de octubre, finalmente, los sindicatos mayoritarios accedieron a convocar una Huelga General para el 11 de noviembre, secundando la reclamación del movimiento por la vivienda. Por tanto, la primera cuestión, es quién ha convocado y quién ha secundado la huelga general. En cualquier caso, a esta convocatoria se han sumado en su práctica totalidad el movimiento por la vivienda y los sindicatos de clase, señalando, no obstante, la poca antelación de la convocatoria de las centrales sindicales, únicas legalmente, que no legítimamente, reconocidas para convocar a la Huelga.

La crítica a la falta de antelación requiere una cierta reflexión sobre a qué nos referimos con ella. Sería injusto reprochar a los sindicatos, sin más, la aparentemente escasa distancia, de solo un mes, entre la convocatoria y la jornada de Huelga. En puridad, hay que decir que las anteriores convocatorias no se diferenciaron mucho de esta en cuanto al tiempo que distaba entre el anuncio y el día de la Huelga. En general, no se llega a dar una distancia de ocho semanas entre las dos fechas. De la misma forma, en los países vecinos, las convocatorias de Huelga general no se suelen comunicar con mucha más antelación: en los últimos doce meses, Portugal ha tenido dos Huelgas Generales, y ninguna de ellas fue anunciada con más de cuatro semanas de adelanto. Lo mismo se puede decir de la convocatoria reciente en Francia, anunciada hace solo once días para hoy mismo, o de la que el 17 de octubre anunció la CGIL italiana para el 20 de noviembre. A la espera de lo que ocurra con la huelga italiana, a nivel de movilización se puede considerar exitosa la francesa, y asimismo podemos adelantar que las de Portugal cumplieron con su objetivo: la reforma laboral que proponía su gobierno fue tumbada gracias a la movilización obrera.

Por tanto, sigue pendiente responder a la pregunta. ¿Tienen razón los sindicatos de vivienda que reprochan a las centrales sindicales la poca antelación? ¿En qué nos basamos para darles la razón? Podemos decir que la antelación tiene una forma cuantitativa y una cualitativa; o bien que tiene unas dimensiones elásticas que determinan que un mes pueda ser a la vez poco tiempo o el suficiente.

La convocatoria de las centrales sindicales carece de antelación en el sentido de que no ha guardado relación con un trabajo previo en los centros de trabajo que justificase la elección de una fecha tan próxima. El éxito de las dos huelgas generales consecutivas en Portugal no radica en haberse anunciado treinta o treinta y cinco días antes de que tuviesen lugar, sino en que se inserta en un proceso de creciente movilización y combatividad de la CGTP-IN, central sindical combativa del país luso, capaz incluso de arrastrar a la amarilla UGT (la elección del nombre no es inocente) a una de las dos convocatorias, y de hacer exitosa la segunda incluso sin su concurso. La antelación, por tanto, no se debía medir desde el anuncio de la convocatoria, sino desde el comienzo de un trabajo preparatorio que, desde meses atrás, hizo posible la asunción de la consigna de la Huelga General en el grueso de la población trabajadora- hizo posible, incluso, ¡convocar en menos de seis meses dos Huelgas Generales!

Mientras tanto, aquí nos encontramos con unos sindicatos que han estado en letargo durante varias legislaturas. En ese letargo se conjugaban, por una parte, la falta de confianza en su propia capacidad organizadora ante un creciente descontento hacia las centrales sindicales, que explicaría sus titubeos para no convocar más huelgas generales una vez aprobada la reforma laboral de Rajoy; y la política de abierto conciliacionismo con el gobierno de coalición que, reforzando esa falta de capacidad organizadora, ha llevado a las centrales sindicales a retozar en sus mínimos triunfos de despacho de estos años. Han sido los insistentes pellizcos del movimiento por la vivienda los que han hecho despertarse de su senil siesta a CCOO y UGT, que se ven, de repente, ante la labor autoimpuesta de movilizar a sus secciones sindicales cuando ha perdido hasta la memoria de cómo se hace eso.

La falta de antelación, por tanto, no es la de los últimos treinta días, sino la de los más de cinco mil que distan desde el 14 de noviembre de 2012, en los que la posibilidad de convocar una Huelga General se aparcó sin tener buenos motivos para ello. Los dirigentes de las centrales sindicales se deben de sentir ahora mismo como la protagonista de Todo a la vez en todas partes, cuando, en medio de un salto interdimensional, se ve, de la nada, conduciendo un vehículo a toda velocidad. Conscientes de que no han sido ellos quienes han puesto en marcha el vehículo, solo les queda esquivar los obstáculos que se presentan en el camino. Al fin y al cabo, también ellos viajan dentro de este coche, aunque nadie se explique muy bien cómo han pretendido ocupar de repente el lugar del conductor. Eso sí: una vez que han tratado de coger el volante, no pueden ya echarle la culpa de lo que pase al coche en marcha.