El dieciocho de julio
En el patio de un convento
El Partido Comunista
Fundó el Quinto Regimiento
Si tomamos por exacta la letra de aquella composición popular, hace 90 años, el 18 de julio de 1936, en los primeros latidos de la Guerra Civil, y ante un gobierno republicano aún desconcertado por los acontecimientos, el Convento de los Salesianos de Francos Rodríguez fue testigo de un acto heroico y decidido de la clase trabajadora revolucionaria. Fue allí que, entre otros, Líster, Galán, Modesto y el Comandante Carlos dieron forma al 5º Regimiento. Sin embargo, sería desacertado tomar esto por un hecho aislado, una decisión espontánea o un volantazo del PCE.
El 5º Regimiento dio nueva forma, adaptada a una situación aún más extrema, a una actuación que el PCE llevaba desarrollando desde años antes, con un particular apoyo de su Juventud. Antes de que este Regimiento tomase tal forma, ya el PCE y la UJCE, en 1934, habían creado las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC), que cobraron nueva vida en 1936, cuando ya la juventud obrera y revolucionaria había conformado la JSU. La preocupación frente al auge del fascismo, en el PCE, se dejaba sentir ya entonces, como igualmente se sentía, desde hacía varios años, en los debates de la III Internacional. Es sobre esta base, a partir de las MAOC y con el apoyo que la URSS brindó al movimiento comunista, orientando y formando militarmente a algunos de sus cuadros, que posteriormente lo dirigieron, como se formó el 5º Regimiento.
El 5º Regimiento no nació convertido ya en el referente que luego llegaría a ser, es cierto. Inicialmente, este constaba de militantes en su mayoría jóvenes, del Partido o de su Juventud. Sin embargo, su ejemplaridad lo situó en el centro de la construcción de la Milicia Popular y de las Brigadas Mixtas, y, precisamente, esa ejemplaridad hizo también que sus filas creciesen rápidamente. Con ellas, crecieron también las filas del Partido Comunista.
Pero ¿dónde radicaba la ejemplaridad del 5º Regimiento? Desde luego no fue en su defensa del Gobierno o de una democracia liberal, por más que, en el momento en que fue creado, no renunciase, en última instancia, a esta tarea. Quienes limitan la actuación del 5º Regimiento a esa defensa persiguen, con su relato, dos fines solo aparentemente opuestos.
Con todo, afirmar la ejemplaridad de los combatientes comunistas del 5º Regimento no nos debe hacer reducir nuestro análisis. No fue una cuestión de simple voluntad del pueblo, ni el entusiasmo revolucionario de jóvenes comunistas. Fue una planificación política a años vista, acorde a las tesis leninistas: la revolución no se hace, se organiza. El Partido Comunista no debía limitarse a esperar la revolución, y organizarse en torno a ella posteriormente, sino que debía trazar una organización y una táctica en torno a la que tomar el poder. Organización y táctica ya demostradas en Asturias en 1934. En este sentido, el origen de las fuerzas paramilitares del comunismo español debemos situarlo unos años antes, en aquellos cursos militares en la Academia Frunze que se daban en la lejana Unión Soviética. Que un cantero gallego, como era Líster, se convirtiera en uno de los principales jefes militares no fue fruto de su carisma o su innata capacidad. Fue consecuencia directa del internacionalismo proletario de la Unión Soviética y de la Internacional Comunista, que puso durante los años 20 y 30, con sus luces y sus sombras, la formación práctica y política de la insurrección obrera por todo el mundo.
Sin embargo, tampoco acertaríamos si lo redujéramos a una injerencia soviética sobre la política del comunismo español. Sin el trabajo de agitación y propaganda de los militantes comunistas durante toda la década anterior a la Guerra Civil, no puede entenderse el rápido despliegue y crecimiento de su estructura militar una vez comenzado el conflicto bélico. Y esta debe ser una enseñanza imprescindible para nuestras tareas actuales. La creación del 5° Regimiento no puede entenderse sin tener en cuenta el despliegue comunista del PCE, desde la organización de los trabajadores en sus fábricas hasta el trabajo invisible del teatro proletario por los pueblos más perdidos del mapa de nuestro país, cientos de formas creativas de organizar e instruir a los trabajadores, allá donde estuviera, se expresara su condición de clase como lo hiciera.
Desde el oportunismo de derechas, el relato sobre la defensa aparente- o el acatamiento de las decisiones- del Gobierno diluye el hecho de que el Partido Comunista no renunció a conducir al pueblo, por la vía de los hechos, más allá del margen al que el Estado burgués pretendía que se circunscribiera. La llamada a combatir el fascismo del Regimiento no fue comedida, no esperó compromisos: tomó como suyo cuanto precisó y forzó al Gobierno a seguir su compás. No en vano la fecha del 18 de julio, cuando se discute, se cuestiona por tardía: tal vez el 17 de julio ya había 5º Regimiento; y, donde este faltaba, desde luego hacía tiempo que estaba la MAOC.
Desde posturas más izquierdistas, que señalan del 5º Regimiento su papel en la defensa del orden republicano, además de pasar por alto las circunstancias en que el Regimiento fue creado, obvian asimismo la clave real de su éxito: su llamado a la unificación de las milicias en una sola Milicia Popular; su reconocimiento de que el éxito en la lucha exigía, ante todo, una rápida y decidida apuesta por la unificación de lo que justamente podrían llamarse organizaciones de clase para un choque contundente y efectivo contra la reacción. Esta apuesta explica la aparente paradoja de su rápido crecimiento, y del igualmente rápido crecimiento del Partido Comunista. Obreros, campesinos, intelectuales y otros elementos de las clases medias, inicialmente no adscritos al comunismo, se acercaron a este desde el reconocimiento de su acierto en cuanto a la política militar frente al golpe fascista. Frente al sostenimiento de cuerpos de milicias diversos organizados en torno a referentes particulares, se sostuvo la necesidad de una organización unificada como reflejo de la unidad de clase, y esta unidad de clase tendría como jefe y vanguardia, naturalmente, a quien la defendió con más ahínco.
En la puesta en práctica de su política, el Partido Comunista probó lo acertado de su análisis y se ganó significativamente la legitimidad y el apoyo de la clase trabajadora, lo que determinó el acercamiento del Gobierno al modelo organizativo del 5º Regimiento y a la promoción de la unificación. Fue precisamente estar en lo cierto en el análisis y en la práctica lo que lo acercó a las masas, y no el querer llegar a ellas a toda costa lo que hizo crecer su influencia.
De la conformación del 5º Regimiento hay toda una serie de lecciones que extraer. Esta decisión mostró una forma de actuar del Partido Comunista más efectiva y cercana a la política revolucionaria, que dio sus frutos desde el primer momento. En este episodio se verifica que la aplicación de una línea acertada, que ni se deje arrastrar por el sectarismo ni rebaje su discurso, puede ser el catalizador para obtener el sincero apoyo de las masas. El PCE estaba convencido de lo que hacía, y su convicción dio fruto: la referencialidad del 5º Regimiento provenía de que encarnaba una línea correcta, una aplicación adecuada de los medios disponibles para resolver las necesidades inmediatas de la lucha antifascista. En un ambiente de radicalización y desarrollo de la organización obrera que venía fraguándose desde algunos años atrás, esa referencialidad se tradujo en el crecimiento del propio Regimiento, en el del Partido y en la asunción de la política de unificación y creación de una Milicia Única que permitió resistir el embate del fascismo.
Esta actuación decidida del Partido expresó, asimismo, lo que ahora podríamos teorizar como independencia política. El PCE no renunció a su programa ni a su visión y se mostró más lúcido que el Gobierno burgués. No esperó de éste ni órdenes ni confirmación alguna, y, en su lugar, consiguió imponer progresivamente su punto de vista en toda una serie de cuestiones a lo largo de la contienda. La colaboración del Partido con el Gobierno republicano no puede reducirse fácilmente a la complacencia, ni significó para el PCE renunciar a la organización revolucionaria del pueblo. La capacidad para conjugar las necesidades de unidad en una situación extrema con el avance de su influencia en las más variadas capas de la sociedad permite reflexionar sobre la independencia política del PCE y su capacidad para ver, más allá de lo inmediato, la línea que unía la actuación unificada con la organización revolucionaria del proletariado.
En el día en que se cumplen 90 años de la creación del 5º Regimiento, no podemos permitir que su experiencia quede reducida a un recuerdo memorialista. Las circunstancias en que el pueblo madrileño vio nacer esta organización de la clase trabajadora distan mucho de las actuales, aun con el espectro de un nuevo auge reaccionario planeando sobre nuestras cabezas. Sin embargo, no será ninguna sorpresa escuchar a alguien reclamar, en memoria del 5º Regimiento, un agrupamiento en torno a y en defensa del actual gobierno frente a la amenaza del fascismo. Quien hable así probará no entender cuál fue la función del 5º Regimiento, ni cual es el sentido del Partido Comunista.