Top
rendimiento mejorado

Revista Antorcha

  /  Conflictos   /  Desahucios en Madrid: el rayo que no cesa
Imagen de la concentración en apoyo a Maricarmen

Desahucios en Madrid: el rayo que no cesa

Esta mañana han dejado en la calle a Maricarmen, vecina de Madrid. Maricarmen tiene 87 años y cobra una pensión de 1.450€. De sus 87 años, los últimos 70 los ha vivido en la vivienda de la que hoy, tras varios intentos, la han conseguido desahuciar. El fondo buitre que adquirió el inmueble donde vivía Maricarmen subió el alquiler a 2.650€, es decir, casi dos veces la pensión que percibe Maricarmen. La presión del movimiento por la vivienda arrancó un alquiler intermedio de 1.650€, superior todavía al dinero que percibía ella mensualmente.

El de hoy constituye el cuarto intento de desahucio, y ha sido perpetrado gracias a la violencia policial contra las militantes y activistas aunadas en defensa de Maricarmen, que superaban las 400 personas. Esta violencia no se ha limitado a las personas organizadas contra la violencia del capitalismo, objetivos recurrentes, sino que ha llegado hasta la propia vecina. Entre gritos, gases y mazazos, el brazo ejecutor del Gobierno ha entrado para sacar, en camilla, a la afectada. Maricarmen lo ha tenido claro desde el principio, no se ha dejado avasallar por el miedo y las amenazas y ha optado por la organización de clase para confrontar al Estado y sus lacayos. La respuesta del mismo ha sido contundente: ocho furgones de la Policía Nacional desde las 6 de la mañana, bloqueo del paso a la prensa, porrazos y violencia corporal contra las personas presentes, uso de gas pimienta y mazas para la entrada al edificio…

El caso de Maricarmen ha servido, además, y contra la voluntad de quienes verdaderamente se han organizado para detener el desahucio, de telón de fondo para las más esperpénticas plañideras. Todo el reformismo ha intentado colocarse a codazos debajo del foco que debía destacar la tragedia que hoy escenificaba el que por ahora es su último acto. Entre los más prudentes hombres y mujeres de Estado, hemos llegado a oír apasionadas declaraciones, como la de la ministra Isabel Rodríguez, que ha tenido a bien “seguir el caso de Maricarmen”, como el que sigue una telenovela. Entre escena y escena, incluso intentó ponerse en contacto con el fondo buitre, si bien entendiendo que, como ministra, no podía estar insistiendo e insistiendo si no le devolvían la llamada. Otros, más estoicos, como Patxi López, comentaban que “el fondo buitre no aceptó ni una de las propuestas”, probando, con resignación, que el Gobierno puede menos que un fondo buitre, incluso cuando parece que lo intenta. Los menos estoicos del Gobierno, por otra parte, se debaten entre reconocer que “no dan los números” y exigir la dimisión de la ministra- debe de ser que el voto en contra que decanta la balanza es el de Isabel Rodríguez-, sin pensar en cómo ellos son parte de esa cuenta que no sale, mientras que los números que importan, los de aquellos que se agolpan delante de un portal para parar un desahucio, crecen y crecen cada día, ocupando progresivamente un espacio en el que, pronto, si es que no ha pasado ya, los que calculan sobre la base de los escaños se van a quedar sin aire.

Esta falta de aire en el ambiente caldeado que se respiraba esta mañana en el portal de Maricarmen debe de haberlo sentido la exministra que, al no tener ya un móvil institucional con el que dar toques y hacer propuestas al fondo buitre de turno, ha decidido pasarse a pedir el diploma de participación.

Este desahucio, por desgracia uno más en una lista que anualmente se cuenta por decenas de millares, ha resultado ser la prueba, a la vez, de la incapacidad y del oportunismo de quienes hoy gestionan o aspiran a gestionar, desde el ala izquierda, el Estado. No hay escenificación que permita obviar que, por connivencia de unos, pasividad de otros, y absoluta incapacidad, práctica y hasta discursiva, de otros, hoy se ha sacado a la calle a una mujer de 87 años en camilla. Lo mejor que pueden ofrecer a la clase trabajadora, entre todos los que conforman el gobierno de coalición y sus especies comensales, es una ridícula cara de póker. Con esta misma pedirán dimisiones- todas menos la suya-, pedirán negociar- con el fondo buitre o con sus representantes institucionales en todo el arco parlamentario-, pedirán paciencia- a las que se organizan, a las que se mueren de miedo, a las que se van quedando en la calle. Pero este pedir, pedir y pedir es la prueba de todo lo que está mal en su programa; es la prueba de que este es incapaz de dar.

No nos olvidamos de quienes hace pocas semanas estallaban en clamores por la situación de las ciudadanas de Ceuta pero hoy ni se han pronunciado por la alarmante situación que vivía una compatriota de su querida tierra. La derecha lo tiene muy claro: esta es una cuestión de clase, nativa o extranjera. Ellos no se acobardan al demostrar que están con la suya, con la burguesía, y contra las trabajadoras. La banda progresista, por su parte, promete conciliar y ayudar a todos. En realidad, sirve al mismo señor, pero con la actitud del que parece sentir vergüenza por los cadáveres que va dejando por el camino.

En un momento como este solo podemos mandar un mensaje de solidaridad a Maricarmen y a todas las compañeras que han puesto su cuerpo para frenar los tentáculos del capitalismo y su ansia de beneficio económico. La organización de clase muestra aglutinar cada vez a más personas frente a las baratijas discursivas de la socialdemocracia. La vía es la autoorganización de la clase trabajadora.