Mirar más allá del cruce: La maraña imperialista tras la crisis de Ceuta
Desde que el pasado 30 de julio se produjera el cruce masivo de inmigrantes de Marruecos a España a través el espigón fronterizo del Tarajal, los medios de comunicación y dirigentes políticos de todo el mundo centraron su atención en Ceuta, tratando de aprovechar la situación para explicar —cada cual desde el enfoque que más convenientemente le resultara— lo que estaba sucediendo en la ciudad autónoma.
Así, mientras PP y Vox rápidamente trataron de vincular lo ocurrido con el proceso de regularización aprobado por el Gobierno —que, por cierto, sólo ampara a los llegados antes del 1 de enero—, el propio Donald Trump salió a la palestra para asociar la crisis de Ceuta con «las políticas globalistas de extrema izquierda» de un Ejecutivo plenamente integrado en la Unión Europea y la OTAN. De paso, lo que acontecía en Ceuta parece haberles venido de escándalo a unos medios de comunicación siempre ávidos de noticias con las que rellenar su programación del mes de agosto.
En cualquier caso, el cruce simultáneo de 72.000 personas por la frontera de Ceuta ha provocado una urgente crisis humanitaria para miles de personas que, un mes después, siguen desamparadas en las calles y playas de Ceuta, poniendo de manifiesto la brutalidad de un régimen de fronteras que desprecia los mínimos estándares de dignidad humana y de un sistema racista de extranjería en el que la acogida que se brinda varía enormemente en función del color de piel y de la capacidad financiera del recién llegado.
Pero, además de una situación humanitaria crítica que merece ser resuelta con urgencia y respetando la dignidad de quienes han llegado huyendo de la miseria, merece la pena no perder de vista que este cruce masivo se producía el mismo día en que, a tan sólo 28 kilómetros de allí, Mohamed VI celebraba la Fiesta del Trono en M’diq1, desatando una crisis internacional de primera magnitud y que deja entrever la maraña de intereses que hay por el control de un punto tan estratégico a nivel global.
La importancia de Ceuta
Ceuta no es una simple ciudad española de tamaño medio (unos 85.000 habitantes, similar en población a Toledo o Pontevedra), se trata, junto a Melilla, de una de las dos únicas ciudades autónomas que existen en España, después de que la organización territorial establecida en la Constitución las separara de las provincias de Cádiz y Málaga, respectivamente.
En el caso de Ceuta, la ciudad se integró en la Corona portuguesa en el año 1415 bajo el reinado de Juan I. La crisis sucesoria tras la muerte de Sebastián I lleva a que la corona de Portugal quede bajo dominio de Felipe II, produciéndose una unión dinástica en la Península Ibérica que durará desde 1580 hasta 1640. Tras la separación, Ceuta decide no seguir a Portugal en su secesión y se mantiene leal a Felipe IV, lo que termina ratificándose en el Tratado de Lisboa de 1668. Melilla, por su parte, fue tomada por Pedro de Estopiñán en nombre del Duque de Medina Sidonia (y por tanto incorporándose a la Corona de Castilla) en el año 1497.
Es decir, ambas ciudades no sólo estaban integradas en la corona castellana desde antes de que existiera el Marruecos moderno que conocemos desde su independencia en 1956, sino incluso siglos antes de que se fundara en 1631 la dinastía alauí que empezó a unificar el territorio marroquí con la centralización del sultanato y que aún reina en Marruecos a día de hoy.
Sin embargo, más allá de este breve repaso histórico, uno de los principales motivos que otorgan una relevancia especial a Ceuta reside en la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR)2, que establece la zonificación internacionalmente aceptada del espacio marítimo respecto a la costa.
Así, se reconoce como mar territorial o aguas jurisdiccionales la franja marítima que se extiende desde la línea de costa hasta un máximo de 12 millas náuticas. En dicha franja, cada Estado dispone de idéntica soberanía que sobre sus aguas interiores. Lo relevante en este sentido es que, como consecuencia de la soberanía española sobre Ceuta, las aguas jurisdiccionales españolas llegan a abarcar ambas orillas del Estrecho. Dicho de otra manera, resulta imposible navegar desde el Atlántico al Mediterráneo o viceversa sin entrar dentro del ámbito de soberanía de España.

El control soberano exclusivo sobre un estrecho otorga al Estado que ejerce dicha soberanía un poder importantísimo dentro de las pugnas interimperialistas. Algunos ejemplos paradigmáticos son la potestad que la Convención de Montreux le concede a Turquía para imponer restricciones en el acceso a los Dardanelos y el Bósforo en caso de guerra, la agresión conjunta del Reino Unido, Francia e Israel contra Egipto por la nacionalización del Canal de Suez o el control que históricamente ha ejercido Estados Unidos —y en cierto modo aún ejerce, como analizábamos en otro artículo— sobre el Canal de Panamá.
Si la guerra contra Irán y el consecuente bloqueo del Estrecho de Ormuz ya han puesto contra las cuerdas la estabilidad de la economía internacional, estando el control de éste repartido entre Irán y Omán, ¡cómo no va a resultar crítico que el Estrecho de Gibraltar —puerta de entrada al Mediterráneo y enlace entre Europa y África— esté controlado por un único país!3
Ese control exclusivo del Estrecho se vuelve, a ojos de la administración Trump y del régimen israelí, tanto más crítico si ese país reconoce el Estado de Palestina, promueve sanciones por el genocidio en Gaza y no autoriza el uso de la base de Rota para atacar a Irán.
Con esto no afirmamos —ni muchísimo menos— que el gobierno de Pedro Sánchez haya dejado de ser un Estado burgués inserto en el polo imperialista occidental y en la OTAN o que ya no sea sionista: lo sigue siendo, pero quizá aún no haya alcanzado el grado de obediencia suficiente como para saciar las actuales necesidades imperialistas de los Estados Unidos, o quizá en la orilla sur del Estrecho cuentan con otro aliado que puede satisfacer mejor sus exigencias.
La zona gris, un terreno conocido por Marruecos
Partamos de un hecho: España cuenta a día de hoy con una notable superioridad militar sobre Marruecos, lo que hace tremendamente improbable que, en el medio plazo, estalle una confrontación bélica directa entre ambos países.
Resulta pertinente realizar esta aclaración para intentar rebajar el alarmismo que se está difundiendo por parte de ciertos sectores políticos y mediáticos y, de paso, también para tratar de atemperar las soflamas chovinistas que, resucitando el viejo militarismo africanista de inicios del siglo pasado, incluso llaman a restaurar el protectorado en el Rif (a los cuales se han sumado —cómo no— los cazurros socialchovinistas del Frente Obrero4).
Es precisamente esta inferioridad militar lo que explica que Marruecos no busque una acción militar convencional o una «invasión», como no han tardado en calificar los sucesos de Ceuta desde PP y Vox, sino que prefiere recurrir a tácticas de zona gris.
Podríamos definir la «zona gris» como un amplio abanico de formas de confrontación que, situándose deliberadamente por debajo del umbral de casus belli, desafían el statu quo para lograr ciertos objetivos mediante la ambigüedad, la erosión progresiva y la desestabilización prolongada del adversario5.
La zona gris se situaría, por tanto, un peldaño por debajo de la «guerra híbrida» a la que ahora se empieza a aludir en el panorama mediático, pues ésta implicaría el uso combinado de las tácticas de zona gris con efectivos y medios militares convencionales, algo que, a diferencia de lo acontecido en la Marcha Verde, de momento no ha ocurrido.
La zona gris es, efectivamente, un terreno en el que la dirección del régimen marroquí (lo que popularmente se conoce como el Majzén) ha demostrado desenvolverse bien y de forma prolongada en el tiempo.
Quizá el incidente más sonado fue el conflicto de Perejil en julio de 2002, cuando un grupo de militares marroquíes ocupó el islote deshabitado e instaló una bandera de Marruecos. Este suceso, por simbólico y minúsculo que pudiera parecer, representa a nivel diplomático un reclamo de soberanía que desafía activamente el statu quo y que, en caso de no hallar respuesta, refuerza la posición de quien reclama. La decisión del gobierno de Aznar fue responder con una acción militar con la que, de paso, aprovechó para avivar el patrioterismo y el nacionalismo español.
Sin embargo, el precedente inmediato y más semejante a la crisis actual se produjo en 2021, como respuesta a la acogida que se le brindó al líder del Frente Polisario, Brahim Gali, para que éste (quien, por cierto, es también ciudadano español) recibiera atención sanitaria en el hospital de Logroño.
A pesar de haber accedido a España en secreto mediante un avión militar argelino, los servicios de inteligencia marroquíes rápidamente lograron y difundieron esa información. Así, tras alertar la embajadora de Marruecos de que «hay actos que tienen consecuencias», se produjo un cruce repentino de 10.000 personas hacia la ciudad de Ceuta, siendo muchos de ellos menores que, sin conocimiento de sus padres, habían sido sacados de la escuela con la promesa de que Cristiano Ronaldo o Messi estaban en la ciudad autónoma.
Durante esas semanas, la actividad de Marruecos en zona gris se desplegó de forma intensa y a través de varias vías: por una parte, los teléfonos móviles del presidente del Gobierno y los ministros de Defensa, Interior y Agricultura fueron infectados con el software Pegasus durante al menos dos meses6; por otra parte, se puso en marcha una campaña de lawfare contra el propio Brahim Gali —quien debió comparecer ante la Audiencia Nacional desde el propio hospital por acusaciones de genocidio y crímenes de lesa humanidad, lógicamente archivadas—, y también contra periodistas españoles como Ignacio Cembrero, a quien Marruecos ha llevado infructuosamente ante los tribunales en cuatro ocasiones y que también fue víctima del espionaje con Pegasus, al igual que su compañero José Bautista7.
Esta acción contra profesionales del periodismo se encuadra también dentro de otro eje empleado por Marruecos en la zona gris: la desinformación y el control del relato. Así, podemos encontrar ejemplos de deportación de quienes han ido a documentar la ocupación marroquí del Sáhara Occidental, como el periodista de El Independiente Francisco Carrión o el youtuber Ramilla de Aventura8, pero también la creación de medios de propaganda en español como la revista Atalayar e incluso casos de compra de periodistas9, algo de lo que informó el propio Federico Jiménez Losantos en su programa junto a Francisco Marhuenda; este último, por cierto, no escatima en defender las tesis marroquíes sobre el Sáhara en cada ocasión que tiene o en dar voz como columnista habitual en La Razón a Ahmed Charai, un colaborador de la DGED (el servicio secreto exterior de Marruecos), quien el pasado 11 de agosto incluso llegó publicar en el periódico conservador un artículo defendiendo la cosoberanía para Ceuta y Melilla.10
Esta campaña de desinformación también se extiende a las redes sociales, donde existe un enjambre de bots que aparecen para difundir su propaganda en cuanto se hace mención o crítica a la cuestión del Sáhara Occidental, el Majzén o el expansionismo marroquí.
También resulta llamativo cómo antiguos altos miembros del Gobierno de España, una vez retirados, defienden con ahínco las posiciones marroquíes sobre el Sáhara (casos de Zapatero, Felipe González o Bono) e incluso sobre Ceuta y Melilla (M.ª Antonia Trujillo) o que directamente trabajan para Marruecos, como la exministra del PP Ana Palacio.
Nuestro estimable vecino del sur
Sin embargo, una cuestión fundamental a tener en cuenta es que la crisis acontecida en Ceuta responde también a los propios intereses imperialistas que España y la Unión Europea tienen en Marruecos, es decir, el régimen marroquí puede aplicar una diplomacia agresiva y chantajista porque se le ha otorgado ese papel como bastión garante del imperialismo occidental en el norte de África.
En este sentido, podríamos hablar de cómo empresas como Inditex, Endesa, Caixabank, o Meliá exportan capital y deslocalizan producción hacia el país magrebí, al igual que otros grandes monopolios europeos como Nestlé, Carrefour o Renault. Todo ello sin mencionar corporaciones que, como Indra, Acciona, Siemens-Gamesa o Repsol, directamente se lucran con el expolio del Sáhara Occidental ocupado.11
Además, en un habitual ejercicio de cinismo, desde la Unión Europea se pretende exprimir las superganancias de la periferia imperialista sin hacerse cargo de los flujos migratorios que esa explotación provoca en África. Y es en este punto donde Marruecos —al igual que Turquía— aparece como un actor fundamental en la externalización de fronteras: se sostiene, arma y financia a Marruecos para que actúe como el gendarme que haga el «trabajo sucio» de reprimir con brutalidad los flujos migratorios que se dirigen hacia Europa y, de este modo, evitar que se produzcan cada día las imágenes que ahora vemos en Ceuta, en Melilla o anteriormente en las islas de Lesbos y Lampedusa.
Desde este punto de vista, se puede comprender mejor por qué un gobierno que cínicamente presume de defender el Derecho internacional y la causa palestina, a la vez calle, consienta y apoye la ocupación marroquí del Sáhara Occidental o los crímenes contra su propio pueblo.
No parece importar demasiado ni siquiera que ese «estimable vecino del sur» promueva la política expansionista del Gran Marruecos, por la que reclama —además de Ceuta, Melilla y las plazas de soberanía española— la totalidad del Sáhara Occidental y Mauritania y partes de Argelia y Mali. O que incluso el artículo 42 de su Constitución valide ese planteamiento al encomendar al Rey ser el garante de «la independencia del país y de la integridad territorial del Reino dentro de sus fronteras auténticas» (y no de las internacionalmente reconocidas).

Además, Marruecos es el aliado principal de Estados Unidos en el norte de África y el Estrecho de Gibraltar, e incluso generalmente en una posición preferente a la de España. Prueba de ello es no sólo el papel destacado de Henry Kissinger en la organización de la Marcha Verde a cambio de validar la sucesión de Franco por Juan Carlos I12, sino que en palabras del exministro de Defensa, Federico Trillo, Estados Unidos medió en la crisis de Perejil pretendiendo zanjarla mediante la entrega a Marruecos de las islas Chafarinas y el Peñón de Vélez de la Gomera (todo ello a pesar del servilismo manifiesto, público y notorio del Gobierno de Aznar respecto de la política exterior estadounidense).
A nivel económico, los Estados Unidos vienen sosteniendo a Marruecos con más de 20% de toda la ayuda destinada a África y el 81,8% de la destinada al Magreb13, un apoyo que desde la presidencia de Trump se viene ampliando a nivel militar —con los ejercicios conjuntos Africa Lion, ahora extendido a los territorios ocupados— y diplomático, hasta el punto de que, si en su primer mandato Trump ya reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, ahora la Cámara de Representantes de los Estados Unidos detalla en su informe de abril de 2026 que «las ciudades administradas por España de Ceuta y Melilla están localizadas en territorio marroquí y permanecen como parte del reclamo histórico de Marruecos. Este comité apoya los esfuerzos del secretario de Estado para promover un acuerdo diplomático entre Marruecos y España sobre el futuro estatus de Ceuta y Melilla»14. No hace falta ser un lince para intuir de estas líneas que, desde Washington, dejan deslizar su interés por un cambio de estatus en la soberanía de ambas ciudades.
Pero es que, además, el reconocimiento de Trump mencionado en el párrafo anterior tenía como condición el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Marruecos e Israel, formalizando una vinculación que ya venía dándose desde los tiempos de Hassan II, cuando el régimen sionista proporcionó asesoramiento técnico y de inteligencia para la construcción del muro de 2.700 km en el Sáhara.
Así, desde 2020, la relación entre Marruecos e Israel viene reforzándose a pasos agigantados, especialmente en los ámbitos de ciberseguridad, inteligencia, espionaje y guerra electrónica. Marruecos, además, ha procedido a la modernización de sus fuerzas armadas mediante la adquisición de defensas antiaéreas y otros equipos a Israel, quien ya se ha convertido en el tercer mayor suministrador de armas del Estado magrebí, recibiendo incluso concesiones para la instalación de fábricas de producción de drones en Marruecos15 y para la creación de una base militar conjunta al sur de Melilla.
Por si lo anterior no fuera suficiente, Marruecos ha otorgado concesiones a empresas israelíes para realizar prospecciones tanto en el Sáhara ocupado como en torno al submarino Monte Tropic, rico en tierras raras y bajo aguas saharauis disputadas con España donde también existen yacimientos de hidrocarburos.

De este modo, se ha venido configurando un eje imperialista Tel Aviv-Rabat-Washington de carácter extremadamente reaccionario que explica en buena medida por qué toda la caterva trumpista que va alcanzando posiciones de gobierno en América Latina, como Keiko Fujimori en Perú o Abelardo de la Espriella en Colombia, se haya lanzado a reforzar sus lazos diplomáticos con Israel en plena ofensiva genocida y a reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental.
En el caso de De la Espriella, ni siquiera los trágicos terremotos en su país han supuesto un freno para que, ese mismo día, anunciara que Colombia se convertía en el segundo país del mundo (tras EE.UU.) en reconocer la soberanía israelí sobre los Altos del Golán.
Llegaron los tontos útiles
Llegados a este punto, sabemos que, obviamente, Marruecos conocía que, instrumentalizando a la población migrante hasta duplicar la población de una ciudad aislada de la noche a la mañana y de forma imprevista provocaría disfuncionalidades en el normal desarrollo de la vida en Ceuta. Sin embargo, deberíamos preguntarnos qué respuesta espera encontrar el Majzén a esta crisis que ha desatado en la ciudad autónoma o, al menos, qué tipos de respuesta resultan funcionales a sus intereses.
La base desde la que innegociablemente debemos partir es que ni lo sucedido en Ceuta es una invasión ni los migrantes recién llegados son invasores ni agentes al servicio de Majzén —desde luego, ningún ejército invasor marroquí llegaría al grito de «¡Viva España!» y suplicando no ser devueltos a Marruecos—, sino que, muy al contrario, es un reflejo de la situación de pobreza, desempleo y miseria en la que se encuentra la clase obrera y gran parte de la sociedad marroquí, que prefiere arriesgar la propia vida antes que seguir malviviendo en esa situación16.
Resulta imprescindible realizar esta aclaración no sólo como forma de condenar los pogromos racistas a los que ya estamos asistiendo mediante la destrucción de las tiendas de campaña de los migrantes o el bloqueo en la entrega de la ayuda humanitaria (formas que más bien recuerdan a los métodos sionistas en Gaza), sino también para denunciar que ese tipo de respuesta es precisamente el que Marruecos esperaba lograr con su acción.
Ceuta es una ciudad diversa y multiconfesional, en la que la población musulmana lleva literalmente siglos conviviendo con la cristiana, atea e incluso judía o hindú. Pretender llegar a Ceuta —como fue a hacer Vito Quiles o la piara enviada por Núcleo Nacional17— cuestionando la españolidad de los musulmanes ceutíes es el primer paso en la promoción del régimen de apartheid que indirectamente busca Marruecos para —a través de la destrucción de la convivencia entre ceutíes de distinta confesión— hacer creer a esa parte de la población ceutí que en realidad son marroquíes y que vivirían mejor bajo su soberanía. Y, desde luego, mucha más españolidad hay en los apellidos ceutíes Ahmed, Mohamed o Abdesalam que en los germánicos Tertsch o (García-Gallardo) Frings que ya sabemos en qué condiciones llegaron a España tras la Segunda Guerra Mundial18.
Por último, mención aparte merecen esos expertos geopolíticos de Vox cuyas dos neuronas chisporrotean cuando entran en contacto, planteando la genial idea de llegar a un acuerdo con Marruecos para reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental a cambio de que Marruecos reconozca la españolidad de Ceuta y Melilla19.
El problema no es sólo equiparar el estatus de dos ciudades cuya soberanía no está en cuestión por nadie (más que por Marruecos) con un caso pendiente de descolonización reconocido por la ONU —entrando en la lógica de apaciguamiento de «darle a Marruecos territorios que no son suyos a cambio de que no reclame otros territorios que tampoco son suyos»—, sino que precisamente este es el plan literal expresado por el ex primer ministro marroquí Saaddedine Othmani cuando consideraba, en diciembre de 2020, que «Ceuta y Melilla serán puntos en los que inevitablemente habrá que abrir el debate, ahora la inacción es la posición, primero hay que culminar la cuestión del Sáhara».
Es decir, para el régimen de Marruecos no se trata de elegir entre el Sáhara o Ceuta y Melilla, sino que ambas cuestiones son distintos pasos dentro de un mismo plan de anexiones… ¡y los estúpidos de Vox lo proponen creyendo haber logrado una solución brillante! Lo siguiente será apoyarse en Trump y Netanyahu para defender su causa.
¡Dios, qué buen vasallo si tuviese buen señor!
- Rincón, según la toponimia —aún empleada— del extinto protectorado español. ↩︎
- Estados Unidos, por cierto, si bien respeta y aplica las normas de CONVEMAR, la considera simple derecho consuetudinario, es decir, EE.UU. es uno de los pocos países en el mundo que no ha firmado dicha Convención, lo cual impide que se le procese por cualquier violación de los acuerdos. ↩︎
- Esta cuestión también ayuda a entender por qué el Reino Unido retiene su control sobre Gibraltar pese a lo dispuesto por el Comité Especial de Descolonización de la ONU (en cuya lista de territorios no autónomos pendientes de descolonizar también figura el Sáhara Occidental, pero no Ceuta ni Melilla) o por qué trata de ampliar las aguas territoriales gibraltareñas. ↩︎
- Organización que en 2021 defendía la entrega a Marruecos de ambas ciudades autónomas y Canarias. ↩︎
- P. Del Amo, La defensa española, Madrid, Catarata, 2025, p. 124 ↩︎
- Se trata de un software de espionaje de fabricación israelí que sólo se vende a gobiernos. A tal propósito, la Audiencia Nacional ha debido archivar por segunda vez la investigación del caso ante la obstrucción de Israel y su negativa a colaborar. ↩︎
- Para profundizar en el espionaje marroquí mediante Pegasus, se recomienda consultar el reportaje Pegasus Project: https://www.elconfidencial.com/mundo/2026-07-16/pegasus-project-entranas-espionaje-marroqui-cbtr_4390628/#reportaje ↩︎
- Esta actitud contrasta con la campaña emprendida por Marruecos para atraer influencers y youtubers que fomenten el turismo en ciudades del Sáhara Occidental ocupado tales como Dajla, para la que Ryanair abrió hace poco una ruta directa desde Madrid a precios tan bajos que difícilmente pueden explicarse en ausencia de subvención. ↩︎
- Quizá podríamos preguntarnos, en este sentido, qué hacía el «periodista» Nacho Abad en la Embajada de Marruecos celebrando la Fiesta del Trono el mismo día que se producía el cruce hacia Ceuta, acompañado de jueces como Santiago Pedraz o políticos como Felipe González, Ángel Gabilondo o Luis Planas. ↩︎
- Charai también ha sido condecorado por Israel por favorecer el acercamiento diplomático entre Marruecos y el ente sionista. ↩︎
- Para conocer más sobre el entramado político y empresarial implicado en el expolio del Sáhara Occidental, recomendamos visionar el documental Ocupación, SA. ↩︎
- Abdelhay, Lehbib (2020). Juan Carlos I pactó en secreto con Kissinger la entrega del Sáhara a Marruecos a cambio de la Corona ↩︎
- Martín, Eva M.ª (coord.)., Geopolítica, Madrid, Editorial Centro de Estudios Ramón Areces, 2017, p. 351-352 ↩︎
- House of Representatives, National Security, Department of State and Related Programs Appropriation Bill, 2027, p. 88. Disponible en https://www.govinfo.gov/content/pkg/CRPT-119hrpt631/pdf/CRPT-119hrpt631.pdf?fbclid=IwY2xjawTdeSNleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBBazJpanZlZmJyMkxUcWpTc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHsB2E6VzJ0VzphJdqkNUFI41ZFeSYjKMNcHqrkGB26TzLFgz-fZNICjtDPYM_aem_bHIV0SLpU3Xv0G-ME6ccfg ↩︎
- A. López., La guerra del Estrecho, Madrid, Catarata, 2025, p. 105-106 ↩︎
- Con más razón, todavía, si de lo que hablamos es de migrantes subsaharianos procedentes de países afectados por la pobreza absoluta, las condiciones climáticas extremas y el terrorismo yihadista en el Sahel, y que, al llegar a Marruecos, son tratados peor que perros por parte de sus fuerzas de represión. ↩︎
- Afortunadamente, todos ellos quedaron en ridículo tras ser abucheados y expulsados por la propia población de Ceuta. ↩︎
- Hermann Tertsch es hijo de Ekkehard Tertsch, diplomático austríaco miembro del Partido Nazi; por su parte Juan García-Gallardo Frings es nieto de Juan Frings-Mayer, alemán llegado «sospechosamente» a España tras la II Guerra Mundial y que recibió la nacionalidad directamente de parte del régimen de Franco. ↩︎
- Se trata de una idea expresada por Hermann Tertsch el pasado 16 de agosto, pero ya sostenida por Abascal en noviembre de 2025 ↩︎