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Revista Antorcha

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luchemos contra el electoralismo

Instrucciones: montaje de unas elecciones

Tanto la convocatoria de huelgas generales como de elecciones generales siempre supone un motivo para que la burguesía ponga en funcionamiento todo su aparato propagandístico y represivo. Cabe esperar, por tanto, que en un mes en el que concurren estos dos eventos podamos observar la cristalización de estos fenómenos. Los capitalistas no escatiman a la hora de mantener el sistema que tanto les beneficia. Gran parte de los recursos obtenidos mediante la explotación de la clase trabajadora se emplean en fragmentarla y criminalizar las expresiones de autoorganización de clase.

A este juego juegan tanto la reacción encabezada por la derecha y sus acólitos callejeros como la tibia socialdemocracia, que asiente encantada cuando las fuerzas represivas ahogan a quienes les señalamos como cómplices de la situación actual. Ambas facciones del capital movilizan sus fuerzas para asegurar su participación en la gestión del sistema y cabe analizar cuáles son estas estrategias. Por un lado tenemos a la reacción y su quimera de la lucha cultural contra el poder del “comunismo”, por algún motivo representado por el PSOE y socios. La manera en la que esta escoria funciona es enviando a bufones como Vito Quiles a hacer el ridículo en charlas a las que no asiste prácticamente nadie. Esta forma de funcionar es un pase al pie de la socialdemocracia, que solo tiene que criminalizar la respuesta organizada que confronta estos discursos fascistas y se asegura así un buen cupo de “votos antifascistas”.

Así, con un gobierno central del PSOE y amistades, complementado con gobiernos autonómicos del mismo corte que no se diferencian la derecha, asistimos a un auge represivo que se manifiesta en una violencia física desmedida contra la clase trabajadora, la multiplicación de la presencia policial en las calles y campañas de acoso y señalamiento por parte de su brazo represivo. En este último caso cabe señalar la campaña mediática de criminalización contra la Coordinadora Jardun, acusada de terrorismo y, básicamente, de ser la nueva ETA. En el desarrollo de este montaje policial, hay dos personas detenidas y acusadas de tenencia de armas y explosivos, así como de tener información sensible sobre la Guardia Civil. Malen y Aratz han sido llevados ante la Audiencia Nacional aun habiendo comprobado que en las localizaciones de los supuestos zulos no había nada. La operación que se está desarrollando contra la militancia que trabaja por alternativas revolucionarias tiene el objetivo claro de amedrentar a las personas que se plantean apostar por una línea política no institucional y canalizar la rabia por la miseria de vida de nuestra clase hacia la institución burguesa.

A estas alturas no nos sorprende ver cómo la socialdemocracia usa discursos tan manoseados que ya han perdido todo su sentido. En territorios como Euskal Herria incluso se suman al carro de la derecha de tildar de terrorista todo aquello que les desborde y cuestione su papel en el juego burgués. Ahora ya no solo es votar para parar el fascismo, también es votar para “condenar el aumento de la violencia en las organizaciones de ‘ultraizquierda’”. Siguen echando agua a su discurso descafeinado, diluyendo lo poco que les quedaba de programa en frases y campañas que abiertamente se ríen de la clase trabajadora. En momentos en los que el capitalismo deja ver con más claridad sus contradicciones, el aparato estatal debe dejar de lado incluso los valores que la propia burguesía enarbola. El rigor periodístico, la presunción de inocencia, las libertades de reunión y sindical no son viables en un momento en el que el desempeño del parlamentarismo burgués puede quedar en evidencia y así, el rol del “gobierno más progresista de la historia”.

Estas maniobras no son casuales. Si la clase trabajadora está convencida de que el enemigo es aquel que se deja la piel a su lado en el centro de trabajo, en lugar de señalar al capitalismo, la Huelga General pierde toda su potencialidad política. La presencia de los provocadores reaccionarios tiene un objetivo claro, que consigue gracias a todas las fuerzas progresistas que criminalizan la confrontación directa con estos personajes. La función de estos payasos es sencilla: revalidar la vía institucional para “combatir al fascismo” frente a la respuesta militante organizada que no se resigna a que su discurso se pueda difundir con comodidad en las calles.

La Huelga General se acerca conforme escribimos estas líneas, y estas tácticas de la burguesía están diseñadas para disuadir a la clase trabajadora de acciones que paren efectivamente la producción. Las huelgas consecuentes siempre han sido momentos en los que la represión policial y política se disparan. Nos encontramos, pues, en un momento en el que se acostumbra gradualmente a la población general a asociar toda aquella expresión política crítica con la vía institucional con el terrorismo. Esto tiene como resultado, por un lado, la fragmentación de la unidad de acción el día de la huelga y, por otro, la predominancia de las tácticas pactistas que caracterizan a las direcciones de las principales centrales sindicales.

Frente a estas jugadas de guerra sucia, debemos responder con unidad de clase y no dejarnos amedrentar. El objetivo de la Huelga General es claro: detener la producción y poner contra las cuerdas al Gobierno y al capital. Para ello debemos también desplegar todas las muestras de solidaridad con aquellas personas y organizaciones que están siendo desprestigiadas de manera pública para así impedir que el capital consiga lo que quiere: dividirnos y asustarnos.